El ritual de los buenos días.

 “No duermas para descansar.

Duerme para soñar.

Porque los sueños están para cumplirse.”

Disney.

 

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Dedicado a: Mi madre.

 

    Quiero hacer una confesión un tanto terapéutica. Hace muchos años, cuando empecé a vivir la etapa de la adolescencia, vivía una situación complicada y extraña; me refiero al hecho de que sentía un terror abismal cuando me enfrentaba al dilema de tener que dormir. En realidad no me causaban mis miedos la noche misma. A decir verdad, la oscuridad, la noche; me agrada. Sobre todo porque me permite reflexionar y hacer mis apuntes. Me daba miedo enfrentarme al hecho de tener que dormir, por el hecho mismo de pensar que tarde o temprano ya no iba a despertar jamás. Supongo que a la mayoría de las personas en algún momento de su vida, les sucede lo mismo. Alguna explicación psicológica habrá en todo esto.

    La verdad es que sufría demasiado cuando tenía frente a mí el reto de tener que dormir. Eso lo relacionaba con la posibilidad de morir; no con la idea de renovación. Como lo dije en otro artículo, descansar es indispensable, dormir te permite tener la oportunidad re reforzar tu espíritu y las ganas de vivir. Eso lo entendí muchísimos años después. Se que cuando uno duerme tiene la posibilidad de “cargar las baterías”, como se dice en mi país. Ya no tengo miedo a dormir, duermo lo indispensable, lo que mi cuerpo necesita.

    Y en los últimos días y gracias a un sinfín de libros de autoayuda y filosóficos, e vislumbrado otro beneficio trascendental que te arroja el poder dormir: ese acto no sólo te proporciona descanso; te permite tener la posibilidad de desarrollar el hábito de imaginar, de soñar, de proyectar, de vivir por adelantado lo que esperas de la vida.

    Recuerdo que de alguna manera esa actividad la llevaba a cabo cuando joven trataba de dormir: repasaba el día y “corregía” las acciones que sentía no me ayudaban para ser feliz.

    No recuerdo a partir de qué momento empecé a olvidar ese curioso hábito. Lo que si se es que ahora he decidido retomarlo, sólo que he pensado darle un giro al mismo: quiero decir que en vez de “revivir positivamente” el día, lo que haré es fantasear sobre la felicidad que me arrojará el día de mañana. Viviré por adelantado mi felicidad. Tengo la certeza de que cuando empiece y no abandone éste hábito, mi café lo disfrutaré plenamente. Y más aún cuando tengo la oportunidad de compartirlo contigo, apreciable lector.

    Así que por las noches prepararé mi taza de café y por las mañanas lo disfrutaré al máximo junto con mi bello amanecer. Así estaré listo para escribir mis bocetos sabinistas. Mi libro de la vida basada en la plenitud será totalmente llena de color y amor. El aroma del amor impregnará mi “cuarto existencial” a partir de éste momento.

    Ahora bien, debo cuidar el no caer en un estado continuo de vivir “fantaseando”. Debo ser capaz de encontrar los elementos indispensables que me permitan “concretar” dichas visualizaciones. No puedo quedarme inmerso en el “limbo”. Debo tener al alcance las herramientas necesarias que me den la posibilidad de obtener los resultados que tenga congruencia entre mis objetivos planteados.

    Sólo me queda pedirle a la vida el tener el tiempo suficiente para poder concretar mis sueños. Por lo menos tengo la certeza de que no es demasiado tarde el iniciar con éste nuevo cambio de actitud. Digamos claramente que era mi momento, antes no habría entendido todo lo que estoy viviendo. Mi preocupación real en éste momento es tener la habilidad de asimilar todo esto para no estancarme y en el futuro seguir creciendo en todos los aspectos de mi vida. De alguna manera todo esto que estoy viviendo, en mi juventud ya sospechaba que lo iba a vivir. eso es “intuición existencial.”

 

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