Cómo cronometrar nuestro rumbo hacia nuestras metas.

Cómo cronometrar nuestro rumbo hacia nuestras metas.

Confianza y concentración, la clave del éxito es el esfuerzo para alcanzar la felicidad y plenitud.  

"Confianza es ese sentimiento por el que la mente se embarca en empeños grandiosos y loables con plena esperanza y fe en sí misma".  

Cicerón.  

Autor: Abner Pantoja

Publicado en: .Ideas Emprendedoras.

Dedicado a Luna. Quién desde mi infancia creyó en mi éxito.  

Hoy a media mañana sentí la necesidad de reflexionar sobre una inquietud que surgió de manera fugaz. Y afortunadamente tengo el curioso hábito de tener al alcance una pequeña libretita y pluma fuente para apuntar toda lluvia de ideas que se me vengan a la mente y cuando esté en condiciones de retomarla y analizarla, poder elaborar en mi proceso creativo un escrito de valor.  

Por algo tuve la fortuna de hacer la siguiente anotación:  

Tengo la sensación de seguir anclado. A razón de qué llego a esa conclusión. ¿A caso no se llenan mis expectativas? ¿De qué manera mido mis expectativas? ¿A caso no respeto mis prioridades?  

Sobre este tipo de inquietudes es que quiero compartir contigo esta reflexión: el común denominador de éste tipo de cuestionamientos sin duda es el factor tiempo. Mas concretamente el punto de la velocidad.  

Por ello es importantísimo antes de buscar y dar respuestas a esa sensación de inconformismo o falta de claridad sobre cuando llegaremos a la meta, tengamos muy claro que la velocidad no debe confundirse con rapidez. Para explicarme un poco mejor te digo que entiendo como rapidez aquello que va relacionado con "inmediatez"; por el contrario, velocidad lo visualizo con "eficiencia". Luego entonces el objetivo de "cronometrar" nuestra carrera hacia la felicidad y plenitud va en función a la eficacia.  

Así que no se trata de cumplir con un compromiso en la agenda y pasar a lo que sigue. Tengamos en cuenta que estamos hablando aquí del mejor emprendimiento que podemos desarrollar: el logro de nuestros objetivos en la vida. Y eso éticamente no se puede tomar a la ligera.  

La vida no es un juego, es un deporte. Es clara la diferencia no. Tenemos que valernos de los retos cotidianos, de nuestra exigencia en los esfuerzos, de la sabia conexión energética entre mente, cuerpo y espíritu.  

Medir significa entonces analizar cómo vamos coordinando todo nuestro esfuerzo energético hacia el objetivo central de nuestra vida de alcanzar la plenitud. Como se podrá deducir, es imprescindible no valerse de la concentración y enfoque en esa travesía existencial.  

Y para tener un mayor rendimiento en nuestro esfuerzo cotidiano y reforzar nuestro banco energético, sin duda, necesitamos tener un buen alimento.  

Debemos alimentarnos de sabiduría, amistades positivas, conocimientos prácticos, emociones propositivas, enamoramiento y más. Todo aquello que nos permita tomar un nuevo impulso. Amor que nos obligue a no rendirnos pues esa emoción o estado de ánimo nos refrescará y nos iluminará el rostro y la vida.  

Enamorar a la vida es el mejor cortejo que podemos hacer. Cronometrar a la vida misma y su proceso existencial nos llevará a pulir y mejorar nuestro entorno para cortejar con mayor confianza y seguridad a ese amor-vida. Eso dicen que es el enamoramiento.   Nuestra vanidad mental, corporal y espiritual será motivo de cuidado para no dejar de seducir a la vida y nos empiece a decir "te amo".  

Y para ello la "cosmetología existencial" nos recomienda lo siguiente para un buen cuidado y ejercicio motivacional: vive y acepta los retos. Y si piensas rendirte, pues ¡Ríndete!  

Así es, ríndete a... no fracasar, a no abandonar la carrera, a quejarte. Ríndete a siquiera pensar en rendirte. Recuerda siempre que la vida es movimiento. De ahí viene por cierto la palabra motivación. Sólo que tenemos que motivarnos con disciplina pues eso no debe confundirse con vivir en la euforia. Y para ello recuerda la siguiente frase:  

"Cuando el arquero afila y hace rectas sus flechas, el maestro dirige sus pensamientos desperdigados".  

Buda.

  Recuérdalo siempre. Ejercita el amor a la vida. A tu tierra, a tu familia, a tu profesión, a tus talentos, a tus amistades, a tus retos, a tus "supuestas limitaciones", a la niñez y su futuro, a la vejez y su sabiduría. A ti, a ti, y a ti.  

Y entiende de una vez por todas y aunque es una frase que en apariencia es trivial; es todo lo contrario, esta llena de sabiduría: lo importante no es el final sino el proceso.  

Cuando realmente entendí, pero sobre todo, apliqué en mi vida esa premisa, en principio dejé de ser una persona neurótica y sin rumbo aparente, además de vivir en constante estado de frustración.  

A partir del momento en que cambié mi enfoque mi vida se volvió más retadora, me volví mas entregado, disciplinado y humano.  

También entiendo que la velocidad no sólo se resume a la cuestión de "gestión de tiempo", va encaminada a la idea suprema de "mejora continua". Debemos actuar con entera humildad con nuestro análisis entre otros factores como el de la fricción que genera la disminución de la velocidad.  

El atletismo de la vida nos ayuda a ser perseverante y tenaz.

Y también es válido descansar, que no es lo mismo que holgazanear.  

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