El monólogo interno en el proceso de escritura.

21.11.2011 21:12

“Apenas comenzamos a reflexionar sobre un problema, apenas comenzamos a examinarlo con atención, y de pronto nuestro discurso interno –que a veces es pronunciado en voz alta- toma la forma de pregunta y de respuesta, de afirmaciones o de sucesivas negaciones. Para decirlo brevemente: nuestro discurso se fragmenta en intervenciones separadas más o menos largas, toma forma dialógica.”
            Batjin.
 
La forma dialógica es uno de los recursos que desde un principio debemos dominar, o por lo menos, estar conscientes de su existencia. Lo que quiero decir es que cuando tomamos la determinación de escribir un texto (literario, por ejemplo), debemos dejarnos llevar por nuestro monólogo interior.

 

            Cuando estudiaba en la facultad, recuerdo claramente cuando un profesor de literatura se veía cuestionado por un compañero sobre el “famoso” bloqueo ante la hoja en blanco, el profesor lo invitaba a dialogar consigo mismo.

 

            Recuerdo el asombro que me causó la argumentación del compañero: “eso es una locura”; de más está decir cómo las etiquetas distorsionan nuestra realidad y nuestros conceptos.

 

            Lo que planteo es algo sencillo, es reconocer, rescatar y optimizar algo que es parte de nuestra naturaleza humana: pensar y hablar con nosotros.

 

            Antes de preocuparnos por las técnicas de escritura, sobre la economía del lenguaje, sobre cuestiones semánticas, sobre la estética de los textos, sobre la originalidad, sobre el efecto en los lectores, sobre la ética discursiva…, debemos perder el “pudor por hablar con nosotros”.

 

            Cuando empezamos a desarrollar el hábito con nuestras preguntas y respuestas; vamos logrando en primera instancia dos cosas: primero, vamos germinando nuevas ideas: recordemos la mayéutica de Sócrates; segundo, vamos redescubriendo nuestra capacidad imaginativa.

 

            Así que cuando estemos frente a una hoja en blanco (o frente a un computador), pensemos y dialoguemos con nosotros mismos. Tal vez me podrías objetar sobre los beneficios de la escritura automática. Caeríamos en el dilema de que es primero, el huevo o la gallina: el monólogo interno o la escritura automática.

 

            A título personal te respondo que primero enfoqué todas mis energías a dominar mi diálogo interno y así empecé a desarrollar las ideas; la escritura automática la empecé a emplear cuando tomé plena conciencia de cómo transmitir mis ideas.

 

            Estar frente a la hoja en blanco, plantearte preguntas, responderlas y obviamente apuntar todo “sin pensar” en que lo leerá alguien; dará como resultado una serie de fragmentos que con el tiempo podrás ir trabajando.

 

            Una lectura que me ayudó mucho a comprender la psicología interna fue la obra literaria de Dostoievski: está muy cargada de esa atmósfera de diálogo interno. En sus novelas encontrarás a sus propios personajes “pensando en voz alta” escritas por el autor.

 

            Pensar escribiendo genera ideas. Luego vendrá el texto.            

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