Cuál es la importancia real de las reseñas de libros.

07.02.2014 15:47

 

“Soy un genio estéril, decías; en este mundo o se lee o se escribe, los escritores escriben por desprecio hacia los colegas, para tener de vez en cuando algo bueno que leer”.

Umberto Eco.

 

Dedicado a: Rubén Salmerón. Sin duda el mejor crítico de mis escritos.

 

Comentar, criticar, observar, señalar, argumentar, anotar, subrayar, maldecir..., ¿Cuantos adjetivos podemos enlistar?  ¿Cuantas acciones y actitudes intelectuales debemos tener frente a los libros? (propios y ajenos), en ese proceso de escritura-lectura, lectura-escritura?

En esta serie de artículos, poco a poco, se va a ir moldeando, encontrando respuestas a esas interrogantes. Para hacer un preámbulo sobre lo que uno se va a encontrar en este apartado, es cada vez que escriba un artículo; de una manera sutil, la sugerencia de que lea el libro que en ese entonces se comenta.

Esa lista, es producto de mis lecturas? Son los libros favoritos? Son “los buenos libros”? como podemos darnos cuenta, este apartado, “reseñas de libros”, resulta tal y como lo plantea Umberto Eco en su hermenéutica, un “texto abierto”.

Se puede desprender del párrafo anterior que no existe un criterio de selección de libros un tanto lineal. No es, como se podría decir gráficamente, a propósito del proceso de escritura, un “punto y aparte”.

Es más bien (y ese es el propósito central), se sea una serie de paréntesis que se abren y se cierran según las necesidades de nuestras ideas.

Es mi noble deseo que esta sección se vuelva un foro, un espacio de reflexión literaria (no sólo eso, sino que se comente sobre todo lo que tenga que ver con el proceso de la escritura), creo que a quedado claro mi idea.

Ahora me permito citar grosso modo un pasaje que desde la primera vez que lo leí me impactó tanto y viene ad hoc con este artículo: José Julio Perlado, “Lagrimas negras”.

“comenzó diciendo que era escritor que ya no aguantaba más y que lamentaba no ser reconocido por sus propios méritos. Contó una historia tan desproporcionada y lo hizo tan a borbotones y con tal angustia y celeridad que al principio nadie le creyó. Muchos lo tomaron por loco. Sin embargo, estaba más cuerdo de lo que nadie suponía. Llevaba encima, según me contó,  la maldición del niño prodigio. A los nueve años, había leído ya todos los clásicos, estando un día en una biblioteca pública, quiso reseñar unas notas en un cuaderno inmaculado y escribió de un tirón una de las novelas ejemplares de cervantes titulada: “Rinconete y Cortadillo”, se asustó porque le salió idéntica al autor, con sus diálogos exactos, todos sus personajes, su puntuación y acentuación, sin una duda, ni un titubeo, ni un borrón”

Espero hayan disfrutado este artículo.

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